Si, la forma de criar a los hijos influye en su capacidad de autocontrol

En un artículo anterior expliqué de forma general cómo el desarrollo de la capacidad de autorregulación (o autocontrol) durante la infancia, juega un papel tan fundamental a lo largo de la vida de un individuo, que puede llegar a influir incluso en ciertos aspectos de su éxito profesional y personal. Ante tal información, una de las preguntas que naturalmente nos surge a los padres es ¿y qué puedo hacer yo para facilitar el desarrollo de esta capacidad en mis hijos? Pues bien, quizás ya estés haciendo mucho ¡y no te hayas dado cuenta!

Para nadie es noticia que la forma en la que criamos a nuestros hijos influye de una u otra forma su desarrollo cognitivo, emocional y social. Con esto en mente, durante las pasadas décadas investigadores en el campo de la Psicología del Desarrollo se han dado a la tarea de comprender de qué forma los estilos de crianza de los padres facilitan (o interfieren) el proceso de desarrollo por el que los niños empiezan a ser capaces de regular su comportamiento y sus emociones durante la edad preescolar.

La Trinidad de la Autorregulación

Para poder establecer una relación clara entre estas dos variables, los investigadores en el campo han divido la capacidad de autorregulación en tres componentes principales:

Seguimiento de reglas: hace referencia a la capacidad de un niño de iniciar, modular o ponerle fin a determinado comportamiento en respuesta a la petición de sus padres u otros adultos.

Inhibición: refleja la capacidad de auto-control de un niño, es decir, su capacidad de retrasar o incluso inhibir un comportamiento cuando no esta bajo la observación de un adulto.

Regulación emocional: hace referencia a aquellos procesos que facilitan la regulación de reacciones afectivas por ejemplo en situaciones en las que el niño siente miedo o frustración.

Como podemos ver, estas tres capacidades difieren en el nivel de internalización que requieren. Por ejemplo la capacidad de inhibir un comportamiento requiere que el niño sea capaz de ejercer por sí mismo esta inhibición mientras que el seguimiento de reglas depende más de un estímulo externo que no necesita ser internalizado, es por ello que el seguimiento de reglas se considera un precursor de la autorregulación internalizada. También difieren en el tipo de modulación que demandan. Por ejemplo el seguimiento de reglas y la inhibición requieren que el niño sea capaz de inhibir un comportamiento, mientras que la regulación emocional se relaciona tanto con la capacidad de inhibir como de iniciar un comportamiento (por ejemplo ser capaz de salir a correr cuando el niño ve algo que lo atemoriza).

Estilos de crianza

Y… ¿A qué se refieren los Psicólogos cuando hablan de estilos de crianza o estilos parentales? Aquí no solo se hace referencia al estilo general que utilizamos los padres para guiar, corregir, premiar, controlar o disciplinar a nuestros hijos, sino que además se considera la actitud general que tenemos hacia a nuestros hijos y el “clima emocional” que se desprende de dicha actitud. Aunque en la literatura en general los estilos parentales más conocidos son el democrático, el autoritario, el permisivo y el negligente, existen en esencia tres perfiles de comportamientos y actitudes que de acuerdo a las investigaciones influyen de una u otra forma el desarrollo de la autorregulación:

Control Positivo: hace referencia a un estilo parental directivo que se caracteriza por su constancia en enseñar, incentivar y guiar el comportamiento del niño. Los padres que implementan este tipo de control definen claramente los límites y proveen instrucciones claras a la hora de guiar el comportamiento de sus hijos.

Control Negativo: hace referencia a un tipo de control autoritario y basado en el poder. Los padres que implementan este tipo de control tienden a mostrar comportamientos de ira, ser muy estrictos, coercitivos, críticos y exhiben un excesivo (e intrusivo) control del comportamiento del niño incluso a nivel físico.

Sensibilidad: se refiere a un estilo parental caracterizado por el afecto positivo, la cercanía y la aceptación. Estos padres muestran conductas amorosas y sensibles con sus hijos y se puede observar una buena coordinación entre las acciones de los niños y las respuestas de sus padres.

Es necesario aclarar que aunque algunas veces tengamos comportamientos y actitudes que se pueden clasificar en cada uno de estos tres estilos de crianza, nuestro estilo propio tendrá siempre a la base al menos uno de estos dos tipos de control.

¿Que relación hay entre el estilo de crianza de los hijos y su capacidad de autocontrol?

Aunque cabe esperar que estos tres estilos parentales se relacionan con el desarrollo de la autorregulación, las investigaciones parecen mostrar algo diferente. De acuerdo con el estudio publicado por un grupo de investigadores de la Universidad de Utrecht que hace un metanálisis de 41 investigaciones en el tema, únicamente los dos tipos de control (positivo y negativo) pero no el estilo de crianza sensible muestran una relación directa con la autorregulación.

En particular, el estilo de crianza negativo se relaciona con una peor capacidad de los niños de seguir reglas, resultado que se invierte cuando el estilo de crianza es positivo.

Esto demuestra que cuando los padres controlan el comportamiento de sus hijos actuando más como una guía que enseña e incentiva, se facilita el desarrollo de la capacidad se seguir reglas que como mencioné antes es un precursor de la autorregulación internalizada.

El hecho de que en estos estudios no se encuentre una relación directa entre los estilos de crianza y la inhibición o la regulación emocional se puede deber a que éstos dos tipos de inhibición son considerados ya internalizados y por tanto no depende tanto de la dinámica de crianza en casa. También, de acuerdo con los investigadores, el estilo parental sensible puede estar más relacionado con el desarrollo afectivo y de la autoestima de nuestros hijos pero no parece estar directamente relacionada con su capacidad de autorregulación.

Para concluir, es importante hacer la reflexión que nuestra forma de hablar con los niños, corregirles, incentivarles o incluso interactuar con ellos, puede tener un impacto en el desarrollo de su capacidad de regular sus pensamientos, emociones y su comportamiento. Esta información, más allá de preocuparnos, debe incentivarnos a aprender de qué forma, con pequeños cambios que introduzcamos en el día a día, podamos ayudar a que nuestros hijos fortalezcan las habilidades que les ayudarán a tener una vida más satisfactoria y feliz. 

Si quires aprender más acerca del tema, no te pierdas nuestro vídeo ¿Qué aporta la neurociencia a la crianza?