Autorregulación: una habilidad para la toda la vida

Llevo ya un buen tiempo pensando cómo abrir el telón de este blog que vengo soñando (dormida y despierta) desde hace ya mucho tiempo… Muchas vueltas he dado antes de llegar a la conclusión que abriría escribiendo de aquello que más conozco, aquello que vengo investigando desde hace ya un poco más de seis años: la autorregulación.

No tenemos que pasar mucho tiempo en un parque infantil antes de darnos cuenta que las frases más usadas por los padres de niños chicos son del tipo: “Pepito, espera tu turno”, “María, no grites tan fuerte, “Juan, no se pega a los amiguitos” “Eva, ten cuidado que hay un niño en el tobogán” etc., etc., En todos estos casos, los padres instintivamente estamos actuando como una alarma que llama la atención de los niños y les facilita controlar sus emociones y su comportamiento.  Este tipo de control externo es fundamental durante los primeros años de vida pues no es sino hasta los tres años de edad que los niños comienzan a dar pequeñas muestras de ser capaces de controlar voluntariamente sus reacciones, sus emociones y su comportamiento. En pocas palabras los niños comienzan a ejercer su capacidad de autorregulación.

Todos hemos experimentado en persona la importancia de tener habilidades de autorregulación por ejemplo cuando estamos a dieta…

¿Qué es la autorregulación y por qué es tan importante?

En psicología y también desde la neurociencia cognitiva, la autorregulación se concibe como esa capacidad de modular voluntariamente nuestros propios pensamientos, sentimientos y nuestras reacciones. 

Todos hemos experimentado en persona la importancia de tener habilidades de autorregulación por ejemplo cuando estamos a dieta, queremos dejar de fumar o cuando salimos de compras con la tarjeta de crédito en la cartera (solo por citar algunos de los que he oído hablar… :). Pues con dicha experiencia en mente, muchos investigadores alrededor del mundo se han interesado en el estudio del desarrollo de la autorregulación y de su importancia a lo largo de la vida. Una de estas investigadoras, Terry Moffitt (http://www.moffittcaspi.com/content/terrie-moffitt) después de seguir a una muestra de niños por más de 30 años, encontró que la capacidad de autorregulación en la infancia predice aspectos tan importantes en la vida de un individuo durante la edad adulta, como su estado de salud, éxito financiero, consumo de drogas o incluso comportamientos delictivos y, todo ello independientemente del nivel socioeconómico de la persona o su cociente intelectual (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21262822). También, otras autoras han demostrado que la autorregulación esta relacionada tanto con el rendimiento escolar como con el nivel de aceptación social de los niños durante la preadolescencia (http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1751-228X.2008.00052.x/abstract;jsessionid=D8FA7827B1CE68FD777DECC5C623FB28.f04t04?userIsAuthenticated=false&deniedAccessCustomisedMessage=).

Como siempre pasa en la ciencia, la respuesta a una pregunta siempre nos lleva a otra pregunta. Entonces, si la autorregulación es tan importante… ¿qué podemos hacer para fomentar esta capacidad en nuestros hijos? Pues bien, aunque las investigaciones muestran que el desarrollo de la autorregulación se ve influido por una gran variedad de factores que no podemos fácilmente modificar como factores genéticos, experiencias tempranas o factores de tipo socioeconómico y cultural, dicha influencia no solo no es determinante sino que además es susceptible de ser moderada/modificada y es ahí donde los padres y el sistema educativo jugamos un papel fundamental. En próximas entradas del blog, me adentraré en técnicas educativas y estilos de crianza que facilitan que nuestros hijos desarrollen eficientemente sus habilidades de autorregulación.

Reflexión

Por lo pronto os comparto mi reflexión al respecto: confiemos en la capacidad de nuestros hijos y brindémosles la oportunidad de ejercitar hoy el músculo de la autorregulación, pues va a ser ésta la que más adelante les facilite moverse por un mundo que, como todos sabemos, demanda constancia, disciplina y perseverancia.