EL PROBLEMA ES QUE NO QUIERAN, ES QUE NO ESTÁN BIEN ENTRENADOS.
Empecemos por el dato que nadie espera. El alumnado español está por encima del promedio de la OCDE en las seis dimensiones de implicación con el aprendizaje que mide PISA. Perseverancia: 0,26, cuando la media es 0,00. Sentido de pertenencia al centro: 0,46, frente a 0,09. Curiosidad, fijación de metas, adaptabilidad y búsqueda de ayuda, todas por encima.
Y sin embargo, en diez años hemos perdido 42 puntos en comprensión lectora: el equivalente aproximado a dos cursos escolares. Solo el 7 % del alumnado alcanza niveles altos de rendimiento, frente al 11,9 % de la OCDE.
Alumnos que quieren, que se esfuerzan y que se sienten en casa en su colegio. Y que aprenden menos que nunca. Eso no es una contradicción: es un diagnóstico.
El dato que casi nadie está mirando
El 9,7 % de las respuestas del alumnado español fueron incorrectas y rápidas a la vez. Y en el conjunto de la OCDE ese perfil casi se ha duplicado desde 2018.
Un alumno desmotivado no responde rápido: abandona o deja la pregunta en blanco. Responder deprisa y mal describe a alguien que sí está en la tarea y cuyo sistema de control no llega a frenar la primera respuesta el tiempo suficiente para verificarla.
No es falta de ganas. Es un problema de frenado.
Dos capas fuertes, dos débiles
España tiene la mentalidad y la regulación emocional por encima de la media europea. Lo que tiene débil es la atención y la metacognición: el sistema que sostiene el foco y el que avisa de que hemos dejado de entender.
Y ahí está la explicación del informe entero: sin atención y sin metacognición, la motivación no llega a convertirse en aprendizaje.
La buena noticia es que ambas se entrenan, y hay investigación publicada que lo respalda. España ya tiene lo más difícil: niños que quieren aprender. Falta el andamiaje cognitivo que convierte eso en aprendizaje.
Los alumnos que harán PISA en 2035 están en Infantil ahora mismo.
Fuente: OCDE, PISA 2025 Results (Volume I), 2026 · INEE, Informe español, 2026.


