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¿Y si la clave para que un niño persista en una tarea difícil o controle sus impulsos no fuera pedirle que “se esfuerce más”, sino invitarle a ser otra persona?
En el ámbito educativo y clínico, la falta de autocontrol y la dificultad para mantener la atención son motivos de consulta diarios. Sabemos que las funciones ejecutivas, y específicamente el control inhibitorio, son predictores de éxito más potentes que el cociente intelectual. Sin embargo, pedirle a un niño pequeño que “se controle” a menudo fracasa porque su corteza prefrontal aún está en desarrollo.
Aquí es donde entra en juego una estrategia fascinante respaldada por la ciencia, que hace unos años nos explicaba nuestra Directora Científica, Lina Combita: El Efecto Batman.
¿Qué nos dice la ciencia?
Un estudio publicado en la revista Child Development exploró cómo el juego de roles influye en la perseverancia y el autocontrol. Los investigadores pusieron a niños a realizar una tarea repetitiva y aburrida, dándoles la opción de distraerse con un iPad si lo deseaban.
Los resultados fueron reveladores: los niños que se disfrazaron de su superhéroe favorito (como Batman) y se refirieron a sí mismos por el nombre del personaje, mostraron una mayor capacidad de concentración y persistencia en la tarea, resistiendo la tentación de la distracción mucho mejor que aquellos que se centraron en sí mismos.
El mecanismo neuropsicológico: Distanciamiento Psicológico
¿Por qué ponerse una capa ayuda al cerebro a regularse? La respuesta reside en el distanciamiento psicológico.
- Enfriar la emoción: Cuando un niño se enfrenta a la frustración (“esto es aburrido”, “no quiero hacerlo”), esa emoción es “caliente” e inmediata. Al adoptar un alter ego, el niño toma distancia de sus propios sentimientos. Ya no es “Juan el que está aburrido”, es “Batman el que tiene una misión”.
- Activación de funciones ejecutivas: Este distanciamiento permite que el sistema de atención ejecutiva -la red encargada de regular pensamientos, emociones y conductas- tome el mando sobre los impulsos automáticos. El niño pasa de un estado reactivo a uno reflexivo: “¿Qué haría Batman en esta situación?”.
Aplicación práctica en el aula y la consulta
Como profesionales, podemos utilizar el “Efecto Batman” como una herramienta de andamiaje para las funciones ejecutivas. No se trata solo de juego; es un entrenamiento cognitivo encubierto.
1. El lenguaje en tercera persona
No siempre necesitamos disfraces. En terapia o en clase, cuando un niño se bloquee, invítale a preguntarse: “¿Cómo resolvería esto su Personaje Favorito?”. El simple hecho de cambiar el “yo” por una tercera persona ayuda a reducir la ansiedad y mejora la regulación emocional.
2. “Simón Dice”… versión Superhéroe
El juego clásico de “Simón dice”, que hemos explicado en diferentes versiones en este blog, es excelente para trabajar el control inhibitorio, ya que obliga al niño a detener una respuesta impulsiva motor. Podemos potenciarlo aplicando el Efecto Batman: “Batman dice que te toques la nariz”. Al asumir el rol, el niño suele mostrar mayor compromiso y rigurosidad en el cumplimiento de la regla, esforzándose por mantener el “personaje”.
3. Gestión de la frustración (rabietas)
Cuando el cerebro del niño está “secuestrado” por la amígdala (en una rabieta), su capacidad de razonar es mínima. En momentos de calma previos, podemos acordar un “alter ego” al que el niño pueda recurrir cuando sienta que va a perder el control. Invoquemos a ese personaje para ayudarle a recuperar la calma, facilitando esa separación entre la emoción intensa y su capacidad de actuar.
Conclusión
El “Efecto Batman” nos recuerda que el desarrollo de la autorregulación no tiene por qué ser un proceso rígido. A través del juego simbólico y el distanciamiento psicológico, damos a los niños una herramienta externa para gestionar su mundo interno.
Al final, disfrazarse no es una forma de escapar de la realidad, sino una estrategia neurocognitiva para enfrentarla con mejores recursos.
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