3 sencillos pasos para fomentar la amabilidad en los niños

Con mucha frecuencia padres y maestros nos hacen preguntas relacionadas con la capacidad de los niños de mostrar amabilidad hacia los demás: ¿cómo podemos prevenir el acoso escolar y el bullying? ¿cómo conseguimos un ambiente en el aula más tranquilo, más amable y más conductivo para el aprendizaje? ¿cómo hago para que mi hijo no golpee a sus amigos o compañeros?

Además, cuando eres padre o madre, te preocupa que tu hijo sea excluido del grupo, te preocupa que los demás niños lo rechacen o lo traten mal y que el niño no logre adaptarse a su grupo y a su escuela…. es decir, nos preocupa no solo el comportamiento de nuestros hijos sino el de los demás niños de la clase, algo que parece algo imposible de controlar.

¿Dónde deberíamos poner el foco? Respuesta corta: la amabilidad

La tendencia al crecimiento que se viene observando en los últimos años en el número de casos de acoso escolar y problemas en el aula nos indica que uno de los valores que más necesitamos fomentar en los niños es la amabilidad, esa capacidad innata que tenemos todos los seres humanos de ayudar, de ser bondadosos, de dar a los demás muestras de afecto y valorar las cualidades de los que nos rodean, etc. Y digo que necesitamos fomentar, porque si bien es una capacidad natural para todos, a medida que vamos creciendo, nos vamos sumergiendo en la individualidad que caracteriza a nuestras sociedades hoy por hoy y vamos perdiendo contacto con esa esencia bondadosa…

¿Cómo hacerlo?

En este post, quiero darte dos consejos súper útiles y un ejercicio para el aula o para casa que puedes comenzar a poner en práctica hoy mismo.

1. Comienza con el ejemplo.
  • El trato hacia el niño. Uno de los primeros pasos para trabajar la amabilidad y la bondad en los niños es, por supuesto, el ejemplo. La manera en la que te diriges a los niños es el punto de partida. ¿Los tratas con respeto? ¿Te diriges a ellos con la misma consideración y cuidado con la que te dirigirías a una persona que no conoces? ¿Respetas sus puntos de vista, sus necesidades, sus opiniones? ¿das valor a sus emociones y las reconoces en vez de tratar de minimizarlas?

Entender que los niños merecen el mismo respeto que cualquier persona adulta, es el primer paso para ser un buen ejemplo de amabilidad. Un niño que es tratado con cuidado y con respeto es un niño capaz de cuidar y respetar a los demás y un futuro adulto amable y bondadoso.

  • El trato a los demás. Ya sea si eres maestr@ o pa/madre, la manera en la que hablas de los demás cuando están ausentes y la forma en la que tratas a conocidos y desconocidos es la “master class” más importante que reciben los niños. No podemos exigirles respeto hacia los demás cuando nosotros mismos no lo mostramos. Cuida tus palabras y hazte muy consciente de cómo te diriges a los demás porque con cualquier interacción con otros, estamos ya siendo la mejor escuela para los niños 🙂

 

2. Háblales acerca de la amabilidad.

¿Por qué es tan importante ser amable? ¿cómo crees que se sienten los demás cuando somos amables? ¿cómo te sienes tú cuando otros no son amables contigo? Hablar con los niños acerca de la amabilidad es una forma de hacerles conscientes de qué significa ser amables y de cómo puede hacerlo en el día a día.

Usa cualquier momento del día o cualquier situación que veas relevante para enseñarle al niño qué es la amabilidad o para enseñarle cómo puede hacer un acto de bondad. Puede ser ayudando a una persona mayor a bajar del autobús, preguntándole al cajero del supermercado cómo se encuentra y siendo amable, dando las gracias al médico que te atiende, etc. Cualquier situación es buena para reflexionar en torno a la amabilidad y a sus beneficios… ¿cómo sería nuestro mundo si todos somos amables y considerados con los demás, con los animales y con nuestro planeta?…

3. Un juego para el aula o para casa: el jarrón de la amabilidad

Me encontré este ejercicio en el universo de internet y me pareció un ejemplo muy bonito y muy práctico para hacer en el aula o en casa (abajo tienes un vídeo corto de esta actividad)

Es un ejercicio que puedes poner en práctica con niños a partir de los 4 años más o menos y es muy sencillo. Tan solo necesitas:

  1. Una jarra o bote de cristal
  2. Pompones pequeños u otras pelotas pequeñas

Comienza explicando a los niños qué significa ser amable. Haz una reflexión con ellos en torno a la amabilidad a cómo podemos ser amables con los demás, cómo podemos ponerlo en práctica en el aula con los compañeros o en casa con los hermanos o los padres y cómo eso también lo podemos llevar a cualquier situación en nuestras vidas: en el supermercado, en la calle, en el parque…

¿Cómo es la dinámica?

Si lo haces en el aula, debes poner el jarrón de la amabilidad en un lugar visible. Cada vez que un niño hagan un acto de amabilidad como por ejemplo ayudar a su compañero, prestar a alguien algo que necesita, dar un abrazo cuando alguno está triste, dar un halago, etc., debe dirigirse al jarrón de la amabilidad y poner dentro un pompón y contar a los demás compañeros cuál fue el acto de amabilidad que hizo. Luego todos aplauden su amabilidad y, cuando el jarrón se llena, tienen alguna recompensa como clase: algún juego especial, un descanso para bailar o algo que sepas que les gusta mucho hacer.

En casa puedes hacer lo mismo. Si tienes solo un hijo o dos, elige un jarrón más pequeño (no queremos que pasen semanas antes de que los niños vean cómo su jarrón se llena) jejeje

Este juego es una manera sencilla de hacer a los niños conscientes de su capacidad de ser amables, estimular que pongan en práctica esa amabilidad y además reforzar esos pequeños actos de amabilidad del día a día.

Puedes cerrar la actividad reflexionando cómo desde que estamos haciendo la actividad, somos más amables, nos sentimos mejor y hemos creado un ambiente muy amable y cariñoso en el aula ¡se nota que nos queremos un montón!

Aquí puedes ver el vídeo de esta actividad que aunque está en inglés puedes ver muy bien el gusto y la alegría que le ponen los niños a la actividad.

¡Comparte tu experiencia! Déjanos un comentario y cuéntanos qué resultados ves en el aula o en casa 🙂

Hace ya 17 años que me embarqué en esta aventura llamada Psicología, de los cuales llevo 9 estudiando lo que más me apasiona en el mundo: el desarrollo del cerebro de los niños. A lo largo de esta travesía obtuve mi doctorado en la Universidad de Granada y he podido enriquecer mi investigación en centros de prestigio como la Universidad de Oregon, el Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano -NHGRI- (USA) y el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín. Estudio el desarrollo de la autorregulación, la atención y las funciones ejecutivas, así como los factores genéticos y ambientales que influyen en ese desarrollo. Entre el laboratorio y la vida me convertí en madre, lo que ha despertado este deseo imparable de llevar todo lo que la neurociencia tiene por ofrecer a los hogares y a las aulas para impulsar estilos de crianza y modelos educativos que potencien el desarrollo de los niños.
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