8 mitos acerca del mindfulness

Durante las últimas décadas, la práctica del mindfulness se ha venido extendiendo ampliamente probando ser de muchísimo beneficio para reducir los síntomas asociados al estrés, la ansiedad y la depresión y para mejorar las capacidades mentales y emocionales de niños y adultos. Sin embargo, existe todavía mucho desconocimiento y desinformación acerca de qué es y qué no es el mindfulness.

Desafortunadamente, este desconocimiento lleva a que muchas personas se cierren a la idea de practicar el mindfulness o de enseñarlo a los niños y por lo tanto pierden la oportunidad de contar con una herramienta que les puede ser de muchísima utilidad para hacer frente a los retos del día a día.

Por esta razón hemos querido resumir en este artículo algunos de los mitos más comúnmente asociados a la práctica del mindfulness. Nuestro objetivo es que después de leer este artículo conozcas un poco más acerca de esta técnica y te des la oportunidad de aprender a practicarla para aplicarla en tu vida diaria y llevarla a tu práctica clínica o a tu práctica docente.

Algunos de estos mitos han sido descritos en este artículo por el Doctor Seth J. Gillihan, terapeuta clínico y profesor de psicología en la Universidad de Pensilvania.

 

1. El mindfulness es una práctica religiosa.

No. Si bien la técnica del mindfulness es una parte importante de algunas tradiciones que en occidente se han considerado como religiosas, la práctica del mindfulness normalmente se hace libre de toda concepción religiosa o espiritual.

En consecuencia, para practicar el mindfulness, no es necesario que tengas algún tipo de creencia religiosa en particular. Así mismo, practicar el mindfulness no entra en conflicto ni es contradictorio a ninguna tradición religiosa, más bien todo lo contrario: sean cuales sean nuestras creencias o valores, podemos practicarlos de una forma más consciente a través del mindfulness.

2. Mindfulness es meditación.

Quizás una de las fuentes más comunes la creencia de que mindfulness y meditación son sinónimos es la imagen que normalmente acompaña a la palabra mindfulness: una persona sentada con las piernas cruzadas, los ojos cerrados y las manos haciendo un gesto muy particular. Sin embargo, el mindfulness no es solamente meditación.

El mindfulness como práctica implica utilizar la técnica de la meditación. A esto se le conoce como la práctica formal del mindfulness en la que la persona conscientemente reserva un tiempo para sentarse y entrenar su capacidad de atención plena a través de la meditación. Sin embargo, como explicamos en nuestro curso de mindfulness en la escuela, una parte muy importante de la práctica del mindfulness es lo que se conoce como la práctica informal porque ¿de qué nos serviría practicar el mindfulness si no lo podemos utilizar en nuestro día a día?

La práctica informal implica llevar el estado de mindfulness a la vida diaria. Esto quiere decir que a través de la práctica informal podemos desarrollar la capacidad de generar el estado de mindfulness en cualquier situación de nuestras vidas: al relacionarnos con otros, al estudiar, al comer, al solucionar cualquier problema, etc.

3. “El mindfulness no es para mí, yo no puedo dejar de pensar”.

Una creencia muy común es que meditar es sentarse, cerrar los ojos y dejar la mente en blanco. Nada más lejano a la realidad. La técnica del mindfulness se utiliza para aprender a entrenar la mente y desarrollar la capacidad de darnos cuenta dónde está nuestra mente para traerla consciente y voluntariamente al momento presente.

Por ejemplo, cuando tu hijo está en medio de una rabieta y tú comienzas a pensar en las razones por las que las hace: “me quiere molestar” “quiere verme enfadada” o haces una evaluación de la situación que no ayuda en nada: “siempre hace lo mismo, es un llorón, estoy cansada y no puedo más”.

Cuando no hemos entrenado nuestra atención plena, estos pensamientos automáticos normalmente generan reacciones que no son proactivas ni llevan a una solución efectiva del problema al que nos enfrentamos.

Por eso, la práctica del mindfulness normalmente implica enfocar la atención en un estímulo en particular. Luego, como la tendencia natural de la mente es “dejarse llevar” por los pensamientos, durante la meditación entrenamos una y otra vez la capacidad de darnos cuenta del momento en el que nos distraemos para volver a enfocar nuestra atención en el estímulo. Como explica en este artículo el Doctor Peter Malinowski, profesor de la Universidad John Moores de Liverpool, este proceso de la meditación entrena diferentes procesos atencionales asociados al funcionamiento de diferentes redes neuronales en el cerebro.

Por lo tanto, en vez de “dejar de pensar” lo que hacemos durante la meditación es ser conscientes de los pensamientos y no dejarnos llevar por ellos.

4. Si vivo el momento presente, entonces ¿para qué ponerme objetivos o planificar el futuro?

Ser consciente de los pensamientos y entrenar la capacidad de vivir en el aquí y el ahora no significa que no podamos planificar el futuro o que no tenga sentido ponerse objetivos en la vida y perseverar para alcanzarlos.

Cada vez más los científicos se interesan por estudiar qué hace a una persona perseverar y cuáles son los beneficios de esta capacidad. Tanto para niños como para los adultos, perseverar significa ser capaz de tolerar la frustración, tener paciencia, esforzarse y mantenerse en una tarea aunque los resultados no sean inmediatos y para ello es necesario estar al control de nuestra mente, ser consciente de nuestros pensamientos y voluntariamente elegir cómo actuar ante los cambios o las adversidades.

5. El mindfulness es una práctica espiritual que no tiene nada que ver con la ciencia.

Afortunadamente NO y quizás este sea uno de los mitos que más fácilmente podemos desmentir. Por más de 20 años científicos en el área de la psicología y la neurociencia vienen estudiando los beneficios de la práctica continua de las diferentes técnicas mindfulness y cómo estas impactan el desarrollo y funcionamiento del cerebro.

El estudio controlado de los beneficios de la práctica del mindfulness se ha extendido incluso a contextos de la vida diaria de las personas como la escuela, la práctica clínica o los lugares de trabajo y los beneficios siguen siendo evidentes.

6. El mindfulness implica la aceptación incondicional a todo lo que se presente.

Esta creencia es tan errónea cómo peligrosa. Ver las cosas como son y aceptar los eventos como se presentan no significa que debamos adaptar una actitud pasiva frente a la vida. Tampoco significa que debemos aceptar el acoso escolar o la agresividad de un compañero de trabajo o de nuestra pareja.

Entrenar nuestra atención y nuestra capacidad de regular emociones, nos empodera para cambiar. Como dice el Doctor Gillihan: “algunas veces la aceptación es la catálisis para el cambio”.

7. El mindfulness es un método muy fácil y además efectivo para relajarse.

La relajación puede ser un efecto secundario de la meditación pero no es el objetivo. Meditar no es fácil, ser conscientes de nuestros pensamientos y controlar voluntariamente dónde ponemos el foco de atención requiere esfuerzo y perseverancia.

Como todo hábito, desarrollar la consciencia plena requiere práctica y trabajo constante. El simple hecho de reservar al menos 10 minutos al día para poner en práctica la técnica y después hacer la práctica formal a lo largo del día es un hábito que debemos generar y que cuesta mucho mantener.

8. No necesito un psicólogo, con la meditación me basta.

Si bien muchos psicólogos vienen incorporando con mucho éxito el mindfulness para ayudar a sus pacientes a manejar la ansiedad y el estrés y reducir síntomas de depresión, esto no supone que el mindfulness vaya a reemplazar el trabajo terapéutico de los psicólogos.

Cuando se entrena la capacidad de ser consciente de los pensamientos y las emociones y se tienen problemas psicológicos importantes, es posible que el foco de la atención se centre constantemente en aquellos pensamientos y emociones perjudiciales y causen problemas aún más intensos.  Si tienes algún tipo de problema psicológico como un trauma de la infancia o algún tipo de psicopatología, debes trabajar de la mano de tu terapeuta para superarlo.

Si te llama la atención la práctica del mindfulness pero tienes dudas de si es una buena idea practicarlo ¡no dudes en consultarnos! Si tienes más creencias que obstaculizan tu práctica del mindfulness, no dudes en ponerla en los comentarios, estamos aquí para ayudarte.

 

En Mindset Neuroeducación usamos la ciencia para potenciar al máximo el desarrollo infantil. Por eso promovemos el uso de herramientas que estimulan el desarrollo de las capacidades mentales, emocionales y sociales de los niños. Nuestra experiencia como investigadores en el campo de la neurociencia del desarrollo y como practicantes del mindfulness por más de 15 años nos motivan a promover el uso del mindfulness en el contexto escolar.

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→  Entender y explicar a otros cómo la práctica del mindfulness tiene un impacto en el funcionamiento del cerebro y cómo esto se relaciona con los beneficios que experimentan los que lo practican.

 

Lina Cómbita
administrator
Hace ya 17 años que me embarqué en esta aventura llamada Psicología, de los cuales llevo 9 estudiando lo que más me apasiona en el mundo: el desarrollo del cerebro de los niños. A lo largo de esta travesía obtuve mi doctorado en la Universidad de Granada y he podido enriquecer mi investigación en centros de prestigio como la Universidad de Oregon, el Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano -NHGRI- (USA) y el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín. Estudio el desarrollo de la autorregulación, la atención y las funciones ejecutivas, así como los factores genéticos y ambientales que influyen en ese desarrollo. Entre el laboratorio y la vida me convertí en madre, lo que ha despertado este deseo imparable de llevar todo lo que la neurociencia tiene por ofrecer a los hogares y a las aulas para impulsar estilos de crianza y modelos educativos que potencien el desarrollo de los niños.
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